
📖 DESARROLLO DEL PARTIDO
Primer Tiempo
Francia salió a imponer su velocidad, calidad técnica, orden táctico y jerarquía mundial desde el primer toque y el primer pitazo. Muy sólida por detrás, dueña absoluta del balón y del ritmo en todo momento, con Antoine Griezmann moviéndose libre por todo el mediocampo, tocando el balón más de 105 veces y siendo el cerebro y el ordenador de absolutamente cada jugada de peligro, y con Kylian Mbappé siendo una amenaza permanente e imparable cada vez que salía corriendo al espacio. Apenas al minuto 17 la conexión que nunca falla entre el capitán y su estrella ya puso las cosas en camino con una definición de mucha frialdad y categoría. El resto del primer tiempo fue pura exhibición de toque, posesión, movilidad y creación de los galos, que justo antes del descanso cerraron la etapa de la mejor forma posible: con un golazo de tiro libre que quedará para la memoria. Irak por su parte cumplió el plan táctico al pie de la letra durante casi todo el partido: líneas muy juntas y cerradas, mucha entrega física, presión alta ordenada, ganar cada balón dividido y apostar casi todo a la velocidad del contragolpe y los centros precisos de Ali Adnan, que fue sin dudas su jugador más peligroso y constante. Tuvo momentos buenos, una llegada muy clara y trabajó muchísimo, pero le faltó claridad absoluta en el último metro y nunca logró lastimar de verdad. 2‑0 al descanso, dominio total, amplio y muy merecido de Francia.
Segundo Tiempo
La historia siguió prácticamente el mismo camino. Irak salió con mucha valentía, subió un cambio la intensidad y buscó desesperadamente el descuento para volver al partido, y a los 38 minutos estuvo a centímetros de lograrlo gracias a unas manos gigantescas de Mike Maignan, que con esa atajada le dio tranquilidad eterna a todo su equipo. A partir de ahí la calidad, la profundidad y la rotación de jugadores volvieron a pesar cada vez más: Francia movió el balón de un lado a otro con mucha paciencia, cansó físicamente al rival, buscó siempre los espacios libres y a los 72 minutos una gran jugada colectiva coronada por Ousmane Dembélé puso el 3‑0 que cerró el marcador para siempre. Los últimos minutos fueron puro trámite, con la gente cantando sin parar, el técnico dando minutos a jugadores de reserva y el equipo defendiendo con orden, serenidad y mucho corazón para mantener el arco en cero de principio a fin. Fue un triunfo casi perfecto, de fútbol puro, de mucha madurez, orden táctico y jerarquía absoluta, que confirmó una vez más por qué Francia sigue estando siempre entre los grandes candidatos a levantar el trofeo.
Elaborado Por: Ignacio Matamoros


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